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Madrid Central a fondo

Andrea María Portal Ruiz y Equipo Oficina Verde

Estando en el ojo del huracán de la pasada campaña electoral, Madrid Central augura ser uno de los protagonistas de una batalla política que promete salpicar a todos los recovecos de la sociedad, pasando desde la salud de millones de madrileños hasta implicar a larga escala a un tema tan actual como intimidante como es el cambio climático. ¿Por qué existe semejante revuelta en torno a Madrid Central? ¿Son realmente esclarecedores los argumentos de cada posición? ¿Quién se encuentra más cerca de la realidad? Sin duda alguna, el debate está servido.

 

Pero ¿qué es Madrid Central?

Para atrevernos a establecer un juicio lo más objetivo posible sobre la medida, no está de más comenzar por sus orígenes. A más de uno puede sorprenderle que el esbozo de Madrid Central no fuera propuesto por Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid durante el periodo de 2015-2019, sino a través de Alberto Ruiz Gallardón (PP), que se atrevió a establecer las primeras Áreas de Prioridad Residencial (APR, zonas de acceso restringido excepto para residentes, transporte público, emergencias y carga y descarga) en 2005. Dicho trabajo fue continuado por Ana Botella, llegando a dar vida a un modelo muy similar a las bases de Madrid Central. Bajo el apremiante peso de la amenaza de Europa por los preocupantes niveles de contaminación de algunas ciudades de España y encontrándose dentro del plan A de Calidad del Aire y Cambio Climático, Madrid Centralnació para hacer frente a toda una problemática tanto ambiental como social.

Con un poco de más detalle, se trata de una zona de 472 hectáreas de extensión (Figura 1) donde se limita el acceso de manera permanente a aquellos vehículos menos respetuosos con el medio ambiente de una zona previamente delimitada (con ciertas excepciones), siendo bautizada como zona de bajas emisiones. Como contrapartida, se potencian los recursos a peatones, bicicletas y al transporte público. En palabras del propio Ayuntamiento de Madrid: “El distrito Centro se convierte así en un pulmón para la ciudad en pleno corazón de Madrid”. Su objetivo: reducir en un 40% las emisiones de NOen el centro de la ciudad y un 23% en toda la ciudad, un compuesto gaseoso altamente perjudicial para la salud. Dicha cifra se antoja alcanzable según estudios previos llevados a cabo por la Universidad Politécnica de Madrid. Los supuestos beneficios, asegura el propio Ayuntamiento, están por encima de los puramente ambientales: “el beneficio de Madrid Central no es solo un aire más limpio, sino que también supone menos ruido y la liberación de espacio público para dar el protagonismo a las personas que viven y visitan el distrito en un entorno más acogedor y saludable”; es decir, se persigue devolver la ciudad al ciudadano, humanizar Madrid desde la perspectiva medioambiental, de salud y de confort para todos, ¿no suena mal no?

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Figura 1Extensión de Madrid Central, que comprende casi todo el distrito centro de la ciudad.

¿Qué ha conseguido Madrid Central?

Pero atengámonos a los resultados, acudamos ahora a lo que se ha alcanzado con dicha medida desde su puesta en marcha el pasado 30 de noviembre de 2018.  Contamos con el informe de Ecologistas en Acción Balance del funcionamiento de Madrid Central” o de Greenpeace “Evaluación del impacto de Madrid Central en la calidad del aire de Madrid“, que recoge los niveles oficiales de contaminación del aire de Madrid en base a los datos obtenidos en 24 estaciones repartidas en la comunidad y facilitados a través del propio portal del Ayuntamiento. En él se muestran los niveles de contaminación registrados desde la puesta en marcha de Madrid Central, englobando seis meses en total. Lo más destacable es que se encontraron unas disminuciones históricas de la contaminación atmosférica, a pesar de que el anticiclón fuera el protagonista durante estos meses. En más de la mitad de las estaciones meteorológicas los niveles de NO2 en 2019 fueron los más bajos de los últimos 10 años (2010-2019). Además, el valor registrado en mayo (23 µg/m3) fue el más bajo registrado desde su puesta en marcha en 2010 a pesar de que se produjeron precipitaciones escasas durante un solo día (0,1 l/m²¸ AEMET). Si nos centramos en la única estación situada dentro del perímetro de Madrid central la reducción de los niveles de mayo fueron un 44% menores que los registrados en 2018 y un 26% con respecto a otros años con menor contaminación, como 2013 y 2014.

Otros datos interesantes a tener en cuenta son la demanda de usuarios en el transporte público. Según datos municipales el uso del mismo aumentó considerablemente, a la vez que el uso de las bicicletas BiciMad distribuidas por parte del ayuntamiento.

Por otra parte, Álvaro Fernández Heredia, exgerente de la Empresa Municipal de Transportes de Madrid de mano del anterior gobierno, Más Madrid, asegura que bajo la administración del mismo se aumentó alrededor de un 40% la red de carriles bus de mano de Madrid Central. Es reseñable destacar que Madrid es una de las ciudades con menor ratio de carriles bus de Europa y España, un punto importante donde focalizar la movilidad sostenible de la ciudad.

Como no podía ser de otra forma, el tráfico privado se redujo en casi un 25% en puntos del centro como la Gran Vía. Dicha afirmación parece ser coherente con los resultados obtenidos de los parquímetros situados dentro de la zona SER, donde según el consistorio de transportes la demanda ha caído hasta en un 54%.

 

¿Cuáles son los criterios del actual gobierno para abolir Madrid Central?

La medida, no obstante, provocó rápidamente el rechazo inicial de empresas de transporte y repartidores, que se vieron intimidados por las restrictivas medidas, viendo peligrar sus negocios ante la necesidad de reconvertir sus flotas a vehículos más sostenibles. No obstante, Madrid Central ofrecía facilidades y horarios establecidos a comerciantes y a la entrega y recogida de productos. Es más, algunos se atreven a ir más allá y aseguran importantes pérdidas económicas basadas en determinadas encuestas. El recientemente nombrado presidente de los empresarios madrileños, Miguel Garrido de la Cierva, en una entrevista en El País achaca el revuelto originado en torno a la medida a una falta de información generalizada.

¿Y los colectivos de comerciantes? Según un informe oficial llevado a cabo el Ayuntamiento de Madrid con datos del BBVA basados en las transacciones monetarias realizadas a lo largo del año 2018, se registra un aumento del consumo de entre un 8-9% en la Gran Vía. No obstante, teniendo en cuenta que la medida empezó a ser implementada en noviembre y que la moratoria de multas no comenzó hasta marzo, quizás no se base en un periodo de tiempo lo suficientemente largo como para exponer datos esclarecedores.

Una de las principales bazas electorales del partido PP, Ciudadanos y Vox era revertir Madrid Central, alegando la ausencia de eficacia de la medida. De esta manera, una vez situado en el poder de la alcaldía de Madrid, José Luis Martínez-Almeida no dudó en transmitir su intención de retirar la moratoria de multas a partir del 1 de julio. Según palabras del recientemente nombrado alcalde de Madrid: “Madrid Central no se ha demostrado eficaz ni para bajar el tráfico privado, ni para reducir la contaminación”. Dichas afirmaciones resultan como mínimo asombrosas cuando disponemos de fuentes oficiales y objetivas que las desmienten. Uno de los criterios del gobierno actual para asegurar la ineficacia de Madrid Central es que durante los primeros meses de 2019 prosiguió el incumplimiento de la calidad del aire bajo estándares europeos a pesar de la puesta en marcha de la medida. Si acudimos a los datos facilitados por el Ayuntamiento, dichas observaciones son correctas, en la mayor parte de las estaciones de la comunidad prosiguió el incremento de NO2. No obstante, hay que tomar dichos datos con cautela. Debemos recordar que hasta el pasado 16 de marzo no entraron en vigor las multas para quien accediera al área sin permiso, que en los primeros meses del año las condiciones meteorológicas no acompañaron en el proceso de diseminación de las partículas contaminantes (no se registraron casi precipitaciones) y tenemos que tener en cuenta la polución generada por los sistemas de calefacción en invierno.

Cuando se expone al actual gobierno de Madrid que grandes ciudades europeas ya habían establecido la misma línea de restringir el acceso de vehículos privados al centro, como París o Berlín, comentan que el transporte público en Madrid no se puede comparar al de las mismas, en las cuales puede ser más fluido y estar mejor organizado; con lo cual estén probablemente en lo cierto.

Otro de los argumentos en contra de Madrid Central es que solamente existe una estación de medición de la calidad del aire dentro de la zona de Madrid Central, en la Plaza del Carmen, con lo cual los resultados no los interpretan como abordables o creíbles desde un punto de vista más global. A pesar de que puede disminuir la credibilidad de la veracidad o el peso de los resultados obtenidos por la medida de Madrid Central en base a este hecho, sugerimos tomar dichas interpretaciones con sentido crítico y abstenernos a resultados de informes y valoraciones objetivas como los anteriormente facilitados.

Finalmente, una de las principales bazas de la nueva alcaldía contra Madrid Central en los tribunales (recordamos que hasta la presente fecha llevan cuatro resoluciones judiciales, todas fallidas en cuanto a sus alegaciones) se centra en las deficiencias del sistema de multas del Consistorio, que con Manuela Carmena como alcaldesa conllevó la  anulación de un total de 6.000 multas por errores en los registros.

 

Consecuencias ambientales y sociales, respuesta ciudadana

Contra todo pronóstico frente a unas medidas halagadas desde Europa y entidades científicas, el nuevo gobierno se ha mostrado impasible en su decisión de retirar la medida. Y es puede parecer una decisión sumamente arriesgada desde el plano político y de visión internacional. Hay que recordar que la Unión Europea sigue nuestros pasos muy de cerca al habernos mantenido en primera línea de fuego por incumplir durante toda una década los umbrales de contaminación del aire, registrados dentro de la directiva 2008/50/CE. Ya sea porque España se libre de una asegurada multa que Bruselas amenaza con imponer si no cumple con dichos estándares o bien sea por la escandalosa cifra de 8.900 muertes anuales prematuras que España registra cada año según la Agencia Europea de Medio Ambiente por mala calidad del aire (cuya gran mayoría seguramente se centren en la Comunidad de Madrid y en Barcelona) puede no parecer lo más razonable atreverse a retirar una medida cuyos frutos empezaban a ser palpables.

Para más inri, disponemos del apoyo de la comunidad científica, como el estudio científico llevado a cabo por Health and Environmental Alliance (HEAL), que aconsejó en sus conclusiones mantener y expandir Madrid Central y las zonas de tráfico bajas en el centro de la ciudad dados los preocupantes datos obtenidos de 12 colegios que cubren una buena parte de la Comunidad, principalmente la zona centro. Entre sus resultados encontraron que dos clases registraron concentraciones de CO2 superiores a 3.000 partes por millón, niveles tan altos que se encontraban fuera del rango de medida de los aparatos. Con respecto a los altos niveles de NO2, los científicos los achacaron principalmente a los vehículos diésel y a las condiciones climáticas prolongadamente secas.

La ciudadanía no ha tardado no obstante en transmitir al reciente gobierno su oposición sobre la decisión tomada a través de la petición de firmas de la plataforma Change.org, donde se han recogido más de 228.000 firmas, reclamando la no retirada de la medida de Madrid Central. Los ciclistas, desde el colectivo Pedalibre, exponen su preocupación al considerarse altamente vulnerables bajo la amenaza de un Madrid centro difícilmente transitable, unas calles que pueden no parecer haber sido organizadas pensando en ellos; se vieron reflejados en la oportunidad de Madrid Central. Ahora, nuevamente encontrándose desplazados por la retirada de la iniciativa, no dudan en unirse a las protestas para reclamar unas calles más seguras y que favorezcan una movilidad más sostenible.

Otro grupo que ha acaparado una gran atención por las posibles repercusiones de Madrid Central son los comerciantes cuyos negocios se encuentran en las limitaciones del mismo. Aunque podemos encontrar opiniones y argumentos distintos, subrayan que unas calles menos congestionadas, que invitan a un tránsito más cómodo y se perciben como más seguras por parte de los ciudadanos fomentan el consumo e incentivan los comercios locales.

Yendo un poco más lejos, el pasado 29 de junio, según cifras oficiales, 10.000 personas por parte de la Delegación del Gobierno en base a datos de la Policía Nacional y 60.000 por la Plataforma en defensa de Madrid Central, hicieron frente a la ola de calor reinante con el objetivo de alzar de forma conjunta sus voces (Figura 2) para reclamar aquello que parece evidente a ojos de cualquier ciudadano, por encima de cualquier ideología: una ciudad más segura y transitable como consecuencia de una mejor gestión de la circulación de los coches, una ciudad más saludable por la reducción de gases nocivos para la salud de todos sus habitantes y una ciudad más respetuosa y comprometida de cara al cambio climático.

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Figura 2Manifestantes frente al Ayuntamiento de Madrid el pasado 29 de junio por la abolición de Madrid Central.

Afortunadamente, la moratoria de sanciones impuesta por el nuevo equipo municipal ha sido suspendida por orden judicial de mano a la medida cautelar solicitada por Greenpeace España. Esta ha estado vigente durante el periodo de una semana: reactivándose las multas en todo el entorno de Madrid Central desde el 8 de julio. El criterio judicial defiende que el nuevo gobierno no ofrece alternativas frente a la eliminación de la zona de bajas emisiones y no posee pruebas de que la medida haya sido ineficaz, tal y como declara tajantemente el nuevo alcalde. Por ello, aplaudimos que la decisión de los jueces se haya basado en la anteposición de la protección a la salud y al medio ambiente frente al empleo de medidas demasiado encaminadas a ser un instrumento político más que a su finalidad en sí. Continuemos frecuentando el camino de focalizar nuestros esfuerzos en defender el derecho de los ciudadanos a habitar un entorno limpio, seguro y comprometido en sus impactos de cara al cambio climático, no hay ninguna duda de que de esta manera conseguiremos alcanzar un Madrid más justo para todos.


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