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Cambiar la concepción de la pobreza

Hoy, 17 de Octubre, es el Día Internacional de la (Extrema) Pobreza. También hoy, desde la Oficina Verde, queremos aprovechar para luchar por cambiar la concepción que se tiene de la pobreza en el mundo. Tanto desde las imágenes, como desde las líneas narrativas que se proponen.

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El fin de la pobreza es el primero de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible – ODS, en adelante – propuestos por la última cumbre de la ONU, dentro de los llamados Acuerdos de París o Agenda 2030. Es, de hecho, el objetivo primordial, que engloba tantos otros como el “Hambre cero”, “Salud y bienestar”, “Educación de calidad”… Y prácticamente casi todos los objetivos de entre los 16 restantes.

Pero si pensamos en la concepción que tenemos de la pobreza o en imágenes asociadas a ella, posiblemente nos venga a la memoria cualquier fotograma desgarrador. Miseria, países generalmente africanos o, quizá, asiáticos, en condiciones extremas de desnutrición, sin hogar, sin apenas salubridad en sus sociedades… Tristeza, solemnidad, delgadez extrema, precariedad, desesperación… Y, para redondear el impacto emocional, generalmente, con niños en la calle entre escombros o pueblos en condiciones infrahumanas. Es la imagen de pobreza que tan bien ha funcionado desde la perspectiva marketiniana para buscar la ayuda del mundo que se dice desarrollado.

El ejercicio no es demasiado complejo. Ni tan siquiera requiere imaginación. Basta con buscar en Google la lista de imágenes que aparecen simplemente tecleando “pobreza”. O la lista de noticias publicadas. Y sacar el hilo argumental común.

Pero, ¿cómo se ha generado esa extrema pobreza en tantas regiones del planeta? Debemos atenernos al desarrollo histórico de la civilización y la humanidad para comprender la mayor parte de sus causas. Sin ser pretensión de este artículo reflexivo ahondar en ello, sí consideramos que las imágenes de la pobreza y tantos artículos publicados puedan tener otro tono e intencionalidad.

Debemos dejar de mostrar la extrema pobreza como una cuestión de impacto, de buscar la empatía y conmover a quien lo ve o lee. Si trasladamos el foco visual y narrativo hacia las causas que provocan la pobreza, cambiaría nuestra forma de concebir el mundo. En lugar de ello, solo se muestran sus consecuencias, la penuria de las condiciones de vida en las que viven tantos millones de personas.

Es necesario dar un giro a la situación. Haciendo una asociación imagen-texto-conocimiento sobre la influencia que los Estados más desarrollados han tenido, quizá podríamos empezar a considerar el grado de responsabilidad que tenemos también como ciudadanos. El problema debe evolucionar desde la raíz con que se construyó en un momento determinado. Un contexto en el que era acertado y necesario mostrar la realidad sin filtros, con toda su crudeza, para conocer lo que se vivía en otras partes del mundo sin voz.

El impacto, llamar la atención y empatizar es la principal labor para lograr movilizar a ciertos sectores sociales, económicos, empresariales, ciudadanos, institucionales… Pero el “efecto impacto” se ha explotado tanto durante los últimos años que, a base de emplearlo indiscriminadamente, se ha perdido esa misma capacidad de empatía que se buscaba. Ya no impresiona, nos hemos acostumbrado. Ya no conmueve, lo percibimos distante. Tampoco moviliza, bastante tenemos con ocuparnos de nuestros problemas y obligaciones, de quienes lo pasan mal en nuestra sociedad. Nos bombardean con miles de problemas diarios a los que debemos hacer frente (al menos esa es la idea que se transmite para mirar hacia otro lado con total indiferencia).

Pero precisamente ese “nuestra” sociedad es el planteamiento erróneo. Sociedad somos todos. No solo los que residen en un territorio determinado. Y ese es el planteamiento de pobreza que debemos cambiar. Todos somos parte de una misma sociedad global, trabajamos por hacer sostenible el desarrollo de un planeta en el que debemos sobrevivir.

El 1% de la población mundial controla el 99% de los recursos económicos. La explotación capitalista indiscriminada ha sido la sucesora de las políticas colonialistas de explotación que han sufrido los países en situación de extrema pobreza. Impidiendo el desarrollo de países a los que, de forma racista (concepción del “nosotros”, los civilizados, los ricos, los que tenemos todos los derechos y del “ellos”, marginados, sin derechos, sin voz y sin mayor meta existencial que servirnos a “nosotros”) y en pos del mayor beneficio económico posible, se ha condenado a millones de personas a la pobreza.

Regímenes totalitarios, explotaciones en condiciones que violan todos los derechos humanos, recursos económicos inexistentes, expropiación de tierras, guerras étnicas… Todos los factores históricos – por identificar un puñado de ellos de forma excesivamente resumida – son la responsabilidad de los países desarrollados económicamente. El daño histórico es irreparable. El trabajo por un futuro mejor para las generaciones venideras es la única responsabilidad que se nos debiera exigir.

Para ello es necesario ese trabajo ineludible de concienciación. De cambiar la percepción y el foco de la pobreza mostrando su verdadera cara: la nuestra.

Hoy es el Día Internacional de la Erradicación de la Pobreza. Pero es un Objetivo por el que debemos luchar cada día. Por visibilizarlo, por resignificarlo y por erradicarlo. Todos somos responsables. Todos estamos involucrados.

Artículo de Álvaro Carretero en Oficina Verde URJC.


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